Durante la noche del Jueves Santo 2 de abril, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidió la Misa de la Cena del Señor, concelebrada por el rector y el capellán de la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle, presbíteros Juan Ramón Cabrera y Ramón Carabajal, respectivamente, y el padre Bartolomé Centeno.


Con esta celebración eucarística, se dio inicio al Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y se instituyó la Sagrada Eucaristía y el Sacerdocio ministerial y el mandamiento nuevo del amor fraterno.
En el comienzo de su homilía, Mons. Urbanč explicó que “la celebración que correspondía a la mañana de hoy, acá en Catamarca, la hemos celebrado el martes a la noche, la Misa Crismal, porque también los sacerdotes hemos renovado las promesas que hemos hecho el día de nuestra ordenación. Y ahora en la tarde celebramos la Misa de la Institución de la Eucaristía, que si bien en el relato que hemos escuchado del Evangelio de hoy, no se habla de la Institución de la Eucaristía, sino de un gesto que Jesús hace en esa Última Cena”.
Al reflexionar sobre la lectura del Libro de Éxodo cuando el pueblo judío celebra su partida de Egipto con la fiesta de la Pascua, indicó que “éste es el contexto histórico que Jesús está celebrando con los apóstoles la cena pascual, la última que celebrarán los apóstoles, porque después Jesús instituye la nueva celebración pascual, que es lo que celebramos en la Misa”. 
“En esa cena -continuó-, Jesús tomó un poco de pan ácimo, sin levadura, y dijo: ‘Tomen y coman, éste es mi cuerpo que se entrega por ustedes’. Quedaba un poco de vino en una copa, la toma y dice: ‘Ésta es mi sangre que se derrama por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. Desde ese día en adelante se celebra la Pascua cristiana incruenta, ya no hay que matar corderos, porque el único y definitivo Cordero sacrificado por la salvación del mundo es el mismo Jesús”. 

El hermoso testamento de la Eucaristía
En otro tramo resaltó que “Jesús nos dejó como su hermoso testamento, la Eucaristía, para que tengamos vida plena en Él. No crean que es un mero rito que nos congrega una vez a la semana o con ocasión de un difunto, la Eucaristía es el centro, fuente y cumbre de la vida cristiana. Esto es lo que Jesús dejó. Eso es lo que dijo el apóstol Pablo en el texto que hemos escuchado hoy, el primer texto eucarístico de la Biblia en la Carta a los Corintios… Dice así: Lo que yo recibí del Señor y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. Del mismo modo tomó la copa y dijo: ‘Ésta es la Copa de la Nueva Alianza que se sella con mi sangre. Siempre que la beban háganlo en memoria mía’”. 
Luego exhortó: “Esto hay que cumplirlo, hay que vivirlo, no es sólo para escucharlo, es para celebrarlo. Cada vez que coman este pan y beban esta copa proclamarán la muerte del Señor hasta que vuelva. Éste es el sentido de la Misa de hoy, la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, porque Jesús se va al Cielo y deja a los apóstoles y sus sucesores, para que perpetúen este gesto, esta acción salvífica, que es la Santa Misa. Si eso el católico no lo tiene claro, no entendió absolutamente nada de la fe, porque si no recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no tiene la capacidad para amar, no tendrá caridad y si no tiene caridad está muerto”. 

Estar siempre al servicio de los demás
Después señaló que “el gesto que Jesús hace en esa última cena es un anticipo del gran gesto de entregar la vida en la cruz, porque Él ha dicho que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos, y Jesús la dio incluso por los enemigos, así que vale más todavía”. Y describió el pasaje bíblico: “Terminada la cena, Él se levanta, se saca el manto, busca una palangana, una toalla y se pone a lavar los pies a los apóstoles, cosa que a Pedro no le gustó mucho”...  Pero “Jesús para terminar la discusión generada le dice: ‘Pedro, si no te lavo los pies, no tendrás parte en mi suerte’. Pedro le dice: ‘Entonces, Señor, me bañas entero, yo quiero estar contigo`”. 
“Después que les lava los pies a todos, les dice: ‘Miren, Yo que soy el Señor y el Maestro les he lavado los pies a ustedes… Ustedes van a hacer lo mismo los unos con los otros’, es decir, la vida cristiana es la vida de servicio. Si uno no se pone al servicio de los demás, vive inútilmente. Esto es lo que deja Jesús como un testimonio concreto de su última cena, la Institución de la Eucaristía y el gesto de estar siempre al servicio de los demás”, manifestó. 
“A continuación, vamos a repetir este gesto de Jesús”, señaló, llamando a que “no tengan miedo de cuidar a los enfermos, a los ancianos…hay que cuidar especialmente a los más frágiles. Eso enseña Jesús con este gesto del lavatorio de los pies, servir, servir”.
Hacia el final de su predicación invitó a que “vivamos este Triduo Pascual con la actitud de Jesús, porque entonces sí que será válida y provechosa toda esta participación en esta celebración. Y después podremos también celebrar con alegría el triunfo de la Resurrección sobre la muerte, el triunfo de la verdad sobre la mentira, el triunfo del perdón sobre el odio, el triunfo de la luz sobre las tinieblas”.

Lavatorio de los pies
Seguidamente, el Obispo lavó los pies de doce laicos entre niños, jóvenes y adultos, repitiendo el gesto de Jesús con los apóstoles en aquella última cena antes de ser condenado a morir en la Cruz por nuestra salvación.

Adoración al Santísimo Sacramento
Luego de la bendición final, Mons. Urbanč, acompañado por los sacerdotes concelebrantes, llevó en procesión el Santísimo Cuerpo de Cristo, presente en la Sagrada Eucaristía, a través de la nave central de la Catedral Basílica hasta el altar lateral norte, donde los fieles lo adoraron con oraciones, reflexiones y cantos.

 

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