La gruta en que fuera encontrada la Imagen por el indio de Don Manuel de Salazar, se encuentra en la localidad de Choya, una de las primeras estribaciones del Ambato, a unos siete Kilómetros hacia el norte de la ciudad Capital de la Provincia. 

Choya es el pueblito en cuyos cerros eligió Nuestra Madre del Valle sentar su trono. Actualmente es uno de los Distritos del Departamento Capital de la Provincia de Catamarca. El lugar sería, sin duda, centro de concentración de indios cristianos y de españoles con el fin de recibir los santos Sacramentos.

Se sabe que unos 100 años después que la Sagrada Imagen fuese hallada, los moradores de Choya y sus alrededores denominaban aquella nueva cueva con el nombre de: «Casa de la Virgen»; y allí se daban cita los niños del vecindario para sus juegos.

Por el año 1730, parecía una verdadera cueva, pero unos 30 años después se habían derrumbado algunas piedras del frente. Así lo dice Don Juan Antonio de la Vega, primer testigo declarante sobre la existencia de los prodigios de la Virgen del Valle. 

Sin duda, los frecuentes movimientos sísmicos y las fuertes tormentas de agua y viento, siguieron desmejorando el lugar. Es así como ya en el año 1888,  no  eran  pocos los que dudaban acerca del sitio preciso donde estaría la antes, «Casa de la Virgen».

Actualmente el venerado lugar donde nos consta que se encontró la Sagrada Imagen, está protegido por un templete al que se llega a través de una escalinata de piedra.

Fuente: Libro “Historia Popular de la Virgen del Valle” del Presbítero Alberto S. Miranda. y https://morenitadelvalle.com.ar/sitio/historia/la-gruta-lugar-de-hallazgo/

La gran obra de puesta en valor

Con motivo de los 400 años del hallazgo de la imagen, se concretó un proyecto integral denominado “Paseo Cultural y Religioso Virgen del Valle en La Gruta”, una iniciativa que buscó preservar la esencia del lugar original, al tiempo que lo transformó en uno de los santuarios marianos más importantes de la Argentina.

Entre las principales obras realizadas se destacan:

Refacción integral del Santuario: se restauró la Gruta original, se renovaron los accesos, el altar, la sacristía y los espacios interiores, conservando su carácter sagrado y austero.

Explanadas de oración: se construyeron tres grandes explanadas conectadas por escalinatas y rampas, con capacidad para miles de fieles, favoreciendo la participación en celebraciones al aire libre.

Capilla de Adoración: un nuevo espacio de silencio y encuentro personal con Dios, pensado para la oración íntima y el recogimiento.

Plaza de la Virgen: un amplio espacio central de más de 19.000 m2 destinado a misas y actos multitudinarios, que simboliza el encuentro de la comunidad creyente.

Camino del Peregrino y Vía del Rosario: un recorrido espiritual que acompaña al fiel en su caminar, con estaciones que representan los Misterios del Rosario y los hitos más importantes de la historia de la Virgen.

Infraestructura y servicios: se incorporaron sanitarios, enfermería, áreas de descanso, estacionamientos, iluminación y mejoras en los caminos de acceso.

Espacios para artesanos y emprendedores locales: destinados a fortalecer la identidad cultural y ofrecer a los peregrinos un contacto con la tradición catamarqueña.


Significados de cada espacio

Cada sector del nuevo santuario fue diseñado con un sentido espiritual profundo:

La Gruta: es el corazón del lugar, donde comenzó la historia. Representa el misterio del hallazgo, la fe sencilla y la presencia maternal de María en la vida del pueblo.

Las explanadas: simbolizan el camino del creyente hacia Dios, un ascenso físico y espiritual que culmina en la oración comunitaria.

La Capilla de Adoración: invita al silencio interior, al encuentro personal con el Señor y a la contemplación del amor de María.

El Camino del Peregrino y la Vía del Rosario: expresan la vida como peregrinación de fe, acompañada por María en cada paso.

La Plaza de la Virgen: representa la comunión, la unidad del pueblo de Dios reunido en torno a su Madre.

El Patio de la Cruz: ubicado al final del recorrido, recuerda el sacrificio redentor de Cristo y la esperanza de la resurrección.


Un santuario que refleja la fe de un pueblo

Gracias a estas obras, la Gruta de la Virgen del Valle se consolida como un espacio de oración, encuentro y misión, preparado para recibir a peregrinos de todo el país y del extranjero.

La intervención respeta la naturaleza del sitio y su historia, integrando arquitectura, paisaje y espiritualidad en una misma experiencia de fe.

Hoy, la Gruta renovada no solo embellece el entorno, sino que fortalece el vínculo entre la Iglesia, la comunidad y los peregrinos, preservando el legado espiritual que durante más de cuatro siglos ha hecho de Catamarca la “Casa de la Virgen del Valle”.

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